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Economia del futbol

Cómo ha cambiado la carrera de un futbolista: ahora empiezan antes, juegan más años y ganan mucho más

Los debuts más tempranos y las retiradas más tardías son excepciones que llenan portadas. Las carreras medias apenas se han movido; lo que explotó fue el salario de un puñado de elegidos.

Bruno SolerPor Bruno Soler·17 de julio de 2026·6 min de lectura
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La idea que circula dice que el futbolista de hoy debuta antes, juega más años y gana muchísimo más. Suena redondo. Y solo una de las tres patas aguanta el peso. Las carreras deportivas medias apenas se han movido. Lo que se ha disparado, y de qué manera, es la carrera económica de un puñado de elegidos. El resto sigue jugando poco tiempo y cobrando poco dinero.

Empecemos por la edad, que es donde el mito se cae primero. Según el CIES Football Observatory, en su Informe Mensual 54, la edad media del primer partido en las cinco grandes ligas era de 21,7 años. Nada de niños de dieciséis como norma. Delanteros a los 21,2, defensas a los 22,0, porteros a los 23,4. El propio CIES cuantificó la excepción: en quince años, entre 2009 y 2023, solo 402 futbolistas jugaron en las cinco grandes siendo menores de dieciocho, y apenas siete debutaron antes de los dieciséis. Yamal y Mbappé son la cola de la distribución, no su centro. El mercado sigue pagando de verdad a partir de los veintidós, con una edad media de fichaje de 24,95 años según el Informe 78 del mismo observatorio.

La edad de plantilla cuenta la misma historia aburrida. La serie del CIES para el censo de 31 ligas UEFA pasó de 25,90 años en 2009 a un mínimo de 25,83 en 2014 y a 26,07 en 2019. Una deriva de dos décimas desde el suelo. No es una revolución demográfica, es ruido estadístico con corbata. Lago-Peñas, en un trabajo publicado en Frontiers in Psychology en 2019, documentó que la edad media en la Champions subió de 24,9 en 1992-93 a 26,5 en 2017-18. Un año y seis décimas en tres décadas. Real, medible, y modesto hasta la ternura. El pico de rendimiento, además, no se ha movido de sitio. Dendir lo situó en 2016 entre los 25 y los 27 años, con delanteros que rinden al máximo a los 25 y defensas a los 27. La ciencia del deporte estira la cola derecha, permite que los más profesionalizados jueguen algún año más, pero no ha desplazado la media ni el pico.

Aquí está el nudo. Si las carreras deportivas apenas se alargan, ¿de dónde sale la sensación de que los futbolistas viven eternamente y forran a sus familias durante décadas? Del dinero. Y del sesgo de supervivencia, ese vicio de recordar a Modrić con cuarenta en el Milan, a Pepe retirándose a los cuarenta y uno, a Thiago Silva aún activo, y de olvidar que el futbolista medio dura poco. FIFPro cita una carrera media en torno a los ocho años y contratos de menos de dos años de duración. La longevidad extrema es una decena de casos que llenan portadas. No describen la profesión, la caricaturizan.

Lo que sí explotó, sin matices, fue el salario. El sueldo medio de la Premier League pasó de 77.083 libras anuales en 1992-93 a más de tres millones en 2019, según datos de la PFA recogidos por Sporting Intelligence y Deloitte. Un aumento del 2.811 por ciento frente a un 109 por ciento de inflación general en el mismo periodo, cifra que la propia comparación de Frontier Economics puso sobre la mesa. El motor de todo eso fue la televisión. Los derechos de la Premier pasaron de unos 200 millones de libras en 1992 a 5.000 millones en el ciclo 2019-20, y el nuevo ciclo se cerró en cifras aún mayores. Añadan la sentencia Bosman de 1995, que dio libertad de movimiento al acabar contrato y poder a los agentes, y tienen la tormenta perfecta de inflación salarial.

2.811%
Así subió el salario medio en la Premier League entre 1992-93 y 2019, frente a un 109% de inflación general en el mismo periodo. La televisión y la sentencia Bosman lo explican casi todo.
Fuente: PFA / Sporting Intelligence / Frontier Economics

La carrera económica de la élite absoluta sí se ha duplicado, o más, pero por acumulación de ingresos, no por temporadas jugadas. Forbes estimó que Cristiano Ronaldo acumuló más de 2.000 millones de dólares de ingresos totales de carrera, buena parte solo dentro del campo, y lo describió como el primer atleta que cruzó los 2.000 millones estando aún en activo. Messi rondaba los 1.800 millones según la misma revista, con una parte procedente de sus contratos como jugador y el resto en patrocinios y negocios. Un top de los noventa generaba, a lo sumo, decenas de millones. Maradona cobraba unos tres millones de salario fijo en el Nápoles y ocho o diez en patrocinios, cifras que ajustadas rondan los 26 millones anuales de hoy. Messi ha sumado más de doce temporadas extra de facturación de máxima escala respecto a aquel modelo. No porque jugara el doble, sino porque el negocio se hinchó por debajo de sus pies.

Y aquí aparece la palanca más golosa, la de retirarse tarde en mercados que pagan por encima del valor deportivo. Las temporadas de Cristiano en Al-Nassr, ya pasados los treinta y ocho, fueron las más lucrativas de su vida. Forbes cifró su salario en el club en una cantidad astronómica anual, libre de impuestos, y la extensión que firmó después se estimó en centenares de millones totales según la fuente. Arabia y la MLS funcionan como fases de capitalización secundaria. Messi lo entendió con otra ingeniería: base salarial millonaria en el Inter Miami con subida posterior, reparto de ingresos con Apple por el MLS Season Pass y una opción de compra de participación en el club. Dos modelos, misma lógica. Exprimir la marca cuando las piernas ya no dan lo de antes.

La objeción honesta existe y hay que ponerla encima de la mesa. Muchas de estas cifras de carrera y patrimonio son estimaciones de Forbes o Celebrity Net Worth, no cuentas auditadas, y mezclan salario, primas y patrocinios, bruto y neto, con alegría contable. El famoso contrato vitalicio de Nike con Cristiano se tituló como una cifra de nueve ceros, pero los documentos filtrados por Football Leaks apuntaban a un valor real bastante menor. Y el dato de que el 40 por ciento de los exfutbolistas quiebra a los cinco años del retiro, atribuido a XPro, está mal documentado y probablemente inflado. Higiene editorial antes que titular fácil.

Pero el reverso resiste todo eso. El FIFPro Global Employment Report de 2016, con unos 14.000 jugadores encuestados en 54 países, describió un mercado de tres capas donde más del 45 por ciento cobraba menos de 1.000 dólares al mes y solo el 2 por ciento superaba los 720.000 al año. El propio sindicato lo dijo sin anestesia: el público asume que los cracks famosos reflejan el ingreso medio, cuando esos sueldos son rarísimos y exclusivos de la élite europea. La foto del futbolista millonario no representa la media. La tapa.

45%
Más de cuatro de cada diez futbolistas profesionales cobraban menos de 1.000 dólares al mes según la encuesta más amplia del sector. Solo el 2% superaba los 720.000 al año.
Fuente: FIFPro Global Employment Report 2016

Así que la frase honesta no es que los futbolistas jueguen mucho más. Es que un puñado gana muchísimo más durante unos años más, mientras el gremio entero sigue con carreras cortas, contratos breves y sueldos modestos que apenas han cambiado. La próxima vez que alguien celebre la era dorada del futbolista, pregúntenle por el 45 por ciento que cobra menos de mil dólares al mes. Ese también juega al fútbol.

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Bruno Soler

Bruno Soler

Economía y estrategia

Bruno Soler es economista y posee un MBA. Fue durante ese máster donde conoció a Carla Costa y juntos identificaron un vacío en la forma en que se informa sobre el fútbol: la mayoría de los medios se centran en lo que ocurre sobre el césped, mientras que muy pocos explican las fuerzas económicas que condicionan el deporte. Con esa idea fundaron Futbolnomics, un medio especializado en el análisis del negocio del fútbol, donde Bruno aporta su experiencia en economía, estrategia empresarial y finanzas para explicar, con datos y contexto, cómo funcionan los clubes, los mercados de fichajes, los derechos audiovisuales, las competiciones y la industria que mueve miles de millones de dólares cada año.

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