Futbolnomics
Economia del futbol

Koné se rompió la pierna y la factura la paga otro

El coste de las lesiones del Mundial 2026 no lo soporta quien organiza el calendario, lo soportan los clubes, las ligas, los futbolistas y las aseguradoras. FIFA decide la carga y otro paga la cuenta.

Bruno SolerPor Bruno Soler·22 de junio de 2026·6 min de lectura

Empecemos por la imagen más fea del Mundial hasta hoy. Ismaël Koné en el suelo ante Qatar, pierna rota, traslado al hospital, cirugía y baja larga. Nadie le pregunta a Watford si le venía bien perder a un jugador hasta noviembre. El club paga, Canadá juega y la cuenta circula por un sistema que se ha diseñado precisamente para que nadie la mire de frente.

La tesis es incómoda y la voy a soltar pronto. El coste de las lesiones del Mundial 2026 no lo soporta quien organiza el calendario, lo soportan los clubes, las ligas domésticas, los propios futbolistas y las aseguradoras. FIFA decide la carga. Otro paga la factura. El subconjunto que se puede cuantificar con salarios públicos y bajas modelizables ya suma 3,73 millones de euros en escenario central, con una banda que va de 1,78 a 6,41 según lo prudente o lo agorero que uno quiera ser. Conviene leerlo como lo que es, una estimación basada en modelos y no una cifra auditada. Y eso es solo la punta visible.

Lo contraintuitivo viene aquí. Uno pensaría que el daño económico de una lesión es el sueldo del lesionado mientras está de baja. Error de bulto. El salario es la parte fácil de medir y la menos relevante. En LaLiga el coste salarial de las lesiones musculares se estimó en 365.811 euros por club y mes, una cifra respetable, pero el verdadero agujero estaba en otro sitio. Una clasificación peor de la esperada por culpa de las bajas se asoció a una pérdida de 45,2 millones de euros en derechos audiovisuales. En la Premier League un estudio académico cifró el perjuicio medio por equipo en torno a 45 millones de libras cuando se junta salario y deterioro competitivo. El sueldo del jugador es la franquicia del seguro. El siniestro de verdad es lo que pasa cuando el equipo deja de ganar.

Por eso conviene mirar la tabla con frialdad. Koné encabeza el subconjunto con 1,53 millones de euros de coste central, sobre un salario fijo modesto de 1,39 millones anuales y una baja estimada de 140 días. Detrás, Billy Gilmour, que se destrozó la rodilla con Escocia ante Curazao en el último amistoso antes del torneo, suma 1,20 millones para el Brighton. Tino Livramento, gemelo tocado en un entrenamiento de Inglaterra, deja a Newcastle medio millón. Y Neymar, otro medio millón, aunque ese número merece una nota a pie de página enorme.

El caso Neymar es el que mejor explica por qué la cifra de 3,73 millones se queda corta. Su contrato mezcla salario fijo y una parte gorda de derechos de imagen que nadie publica entero. Hemos usado un proxy de un millón de dólares de salario fijo, lo convertimos a euros y sale una baja de apenas 80.000 euros directos por su lesión de grado dos en el gemelo. Cualquiera que haya visto a Neymar mover camisetas, audiencias y patrocinios sabe que ese número es una broma. Su coste comercial real, cuando no está, vive en una contabilidad que no enseña nadie. Lo metemos como mínimo técnico y avisamos de que la flecha apunta hacia arriba.

Aquí aparece el actor que lo cambia todo, el FIFA Club Protection Programme. FIFA reconoce que cuando un jugador se lesiona con su selección el club se queda a dos velas, y por eso existe un seguro que compensa el salario fijo. Con condiciones que importan mucho, según las versiones públicas del programa. Cubre salario base, no las primas ni las variables, y la cobertura no arranca desde el primer día de baja sino tras un periodo inicial de incapacidad. Si se aplica a Gilmour y a Koné, que superan ese umbral, el coste directo bruto del subconjunto cuantificado bajaría de 1,55 a unos 0,83 millones netos para los clubes. Suena a alivio. No lo es tanto.

Porque el seguro hace una cosa muy concreta y deja de hacer otra todavía más importante. Redistribuye el coste. No lo elimina. La lesión sigue ahí, el jugador sigue sin poder jugar, el equipo sigue rindiendo peor y la audiencia no recupera por arte de magia a la figura que se quedó en el hospital. El CPP traslada parte del salario de la columna del club a la columna de la aseguradora, y nada más. El daño competitivo, el táctico, el comercial, ese se queda entero donde estaba.

El contexto estructural es el que da miedo de verdad. Un club de élite puede acumular del orden de 50 lesiones por temporada. Las cinco grandes ligas europeas se han dejado miles de millones de euros en lesiones en los últimos años, con cientos de millones concentrados en una sola campaña según los informes del sector como los de Howden. FIFPRO lleva años repitiendo lo mismo, que la congestión del calendario dispara el riesgo y que faltan descansos mínimos obligatorios. El Mundial 2026 no ha inventado el problema. Lo ha exhibido. Y lo ha hecho antes de tiempo, porque las bajas ya no llegan dentro de los noventa minutos del partido oficial. Gilmour cayó en un amistoso de preparación. Livramento y Garbett, en entrenamientos de concentración. Quinten Timber, conmoción en un entreno. La ventana de riesgo se abre semanas antes del primer pitido y mucho antes de la primera factura televisiva.

Toca el contrapunto honesto, porque lo hay. Estos 3,73 millones, comparados con los miles de millones que mueve el torneo y con los que pierden las grandes ligas en una sola temporada, son calderilla. Alguien dirá que medir cuatro casos con salarios estimados de Capology y proxys de AiScore es construir un castillo sobre arena. Tiene parte de razón. No hay contratos auditados, las duraciones de baja son rangos, el componente indirecto es una estimación y no un dato observado. Es justo reconocerlo. Pero el argumento se vuelve en contra de quien lo esgrime. Si con la información pública más conservadora, sin monetizar imagen ni patrocinios ni primas, el número ya es material y el sesgo apunta a la baja, el problema real es mayor, no menor. Lo que falta por contar engorda la cifra, no la reduce.

Y hay un nombre que lo demuestra sin necesidad de que el Mundial le rompiera nada. Jurriën Timber, que arrastra problemas físicos de origen club, salario estimado de 4,68 millones de libras, valor de mercado de 70 millones. No entra en el agregado porque su lesión no nació en el torneo, pero ilustra por qué la ausencia de una estrella se dispara aunque el club ponga el plato roto y la federación se quede sin el jugador. La baja de una figura nunca es una sustitución uno por uno. La demanda, la audiencia y el merchandising no piensan así.

La pregunta que queda flotando es de diseño, no de mala suerte. Mientras quien decide la carga no sea quien paga el coste esperado de esa carga, el calendario seguirá haciendo lo que hace ahora, maximizar el ingreso bruto del organizador y repartir el daño entre los de siempre. Koné se rehabilita en Watford, Neymar se cura sus derechos de imagen y la factura sigue dando vueltas buscando un dueño que nunca aparece.

¿Te ha parecido útil?
Compartir
Bruno Soler

Bruno Soler

Economía y estrategia

Bruno Soler es economista y posee un MBA. Fue durante ese máster donde conoció a Carla Costa y juntos identificaron un vacío en la forma en que se informa sobre el fútbol: la mayoría de los medios se centran en lo que ocurre sobre el césped, mientras que muy pocos explican las fuerzas económicas que condicionan el deporte. Con esa idea fundaron Futbolnomics, un medio especializado en el análisis del negocio del fútbol, donde Bruno aporta su experiencia en economía, estrategia empresarial y finanzas para explicar, con datos y contexto, cómo funcionan los clubes, los mercados de fichajes, los derechos audiovisuales, las competiciones y la industria que mueve miles de millones de dólares cada año.

Sigue leyendo

Boletín semanal · gratis

El cierre de cuentas, cada domingo por la mañana

Una lectura larga y las cifras detrás del dinero del fútbol. Sin ruido, sin rumores de fichajes.

Sin spam. De momento esto es solo una vista previa y no se guarda tu correo.